Es apenas el tercer objeto detectado proveniente del espacio interestelar; científicos ya lo estudian a fondo
Ciudad de México – Un nuevo visitante del espacio profundo está cruzando nuestro sistema solar, y no viene de aquí. Se trata del cometa 3I/ATLAS, un objeto interestelar detectado recientemente por el telescopio ATLAS, operado por la NASA desde Chile. Según expertos, su velocidad y trayectoria confirman que no se originó en nuestro sistema solar, lo que ha despertado gran entusiasmo entre astrónomos de todo el mundo.
Este cometa es apenas el tercer cuerpo celeste interestelar identificado hasta ahora, después de ‘Oumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019). Su paso representa una oportunidad única para estudiar material formado en otros sistemas estelares.
“Debe haber viajado por el espacio interestelar durante millones de años hasta encontrar nuestro sistema solar”, explicó Paul Chodas, de la NASA.
Una trayectoria que no deja dudas: viene de fuera
El cometa fue detectado a mediados de junio, y su velocidad, estimada en más de 214,000 kilómetros por hora, es demasiado alta para un objeto “local”. Además, su trayectoria casi en línea recta indica que no está atrapado por la gravedad del Sol, como lo están la mayoría de los planetas y cometas conocidos.
“Los objetos del sistema solar siguen trayectorias elípticas. Este viene prácticamente en línea recta”, explicó Teddy Kareta, astrónomo de la Universidad de Villanova.
Según la NASA, 3I/ATLAS proviene desde la dirección de la constelación de Sagitario, hacia el centro galáctico de la Vía Láctea, lo que también lo diferencia de los objetos interestelares anteriores.
¿Qué sabemos del cometa 3I/ATLAS?
Los científicos estiman que el cometa tiene un diámetro de unos 20 kilómetros, aunque aún hay incertidumbre debido a su brillo. Ya muestra signos de actividad cometaria, como la liberación de gas y polvo al acercarse al Sol, lo cual forma su característica cola.
“Es probablemente el más rápido y brillante de los objetos interestelares que hemos detectado”, indicó Kareta.
Aunque no representa ningún riesgo para la Tierra, su paso cercano permitirá estudiarlo en detalle. Su mayor acercamiento al Sol será el 30 de octubre, mientras que estará más cerca de la Tierra el 19 de diciembre, a unos 270 millones de kilómetros.
Una oportunidad científica sin precedentes
Astrónomos de todo el mundo han solicitado tiempo de observación en los principales telescopios terrestres y espaciales para analizar al cometa. Su comportamiento podría ayudar a comparar materiales interestelares con los cometas de nuestro sistema solar.
“Son fragmentos de otros sistemas solares. Queremos saber si se parecen a los nuestros o si son completamente distintos”, añadió Kareta.
El cometa será visible con telescopios medianos y grandes hasta septiembre, y volverá a ser observable a partir de diciembre, cuando reaparezca tras pasar detrás del Sol. Se espera que pueda estudiarse hasta mediados de 2026.

